"El agua estaba algo fría pero, muy pronto, sólo unas brazadas después, en el calor de la batalla, a penas puedo pensar en algo más que la orilla y el abrazo sincero que un compañero anónimo me regaló unos segundos antes. Es curioso que un desconocido se gane así un hueco en el maravilloso cajón de la memoria.
Aún aturdido, soy capaz de encontrar mi bicicleta y poner en marcha los automatismos que me permiten iniciar la segunda parte de la aventura con todo el equipo necesario. Durante los primeros kilómetros me repito mil veces que no puedo olvidarme de comer e hidratarme, sin embargo, una vez metido en pleno "fregao" sólo tienen cabida en mis oidos la monótona música del rodar.
.... Farruquito, coje el teléfono...
Bendito el día que decidí incluir el móvil como elemento indispensable de mi equipo y, sobre todo, bendito el día que, entre cervezas y bromas, me pasaron el dichoso tono. Una llamada eufórica de mi staff técnico, me despierta de mi esfuerzo inconsciente haciéndome estallar una sonrisa en la cara.
Cuando sueltas la bici y te calzas tus zapatillas, sientes que son las tuyas, las de toda la vida, con las que has compartido todo tipo de caminos y carreteras. Sin embargo, con las primeras zancadas llegan los primeros temblores, temblores de piernas rígidas, temblores de Filípides, temblores estomacales... Temblores que desaparecen a medida que mi muñeca va luciendo un maravilloso arcoiris de pulseras.
Entras en el último kilómetro y todo el sufrimiento desaparece, la mueca de esfuerzo se torna en expresión de satisfacción, y empiezas a disfrutar como un niño... Paradójicamente, vuelves la vista atrás, sorprendiendote a tí mísmo al pensar que no ha sido tan duro, que se acaba justo en lo mejor, que podrías seguir un poco más... No se escucha nada por encima de los gritos y ánimos con los que mis seres queridos me esperan...
¡¡¡Por fin!!!... a penas me faltan cien metros para ser un hombre de hierro...
... Sin embargo, como por arte de magia, mis oidos se vuelven sordos y la meta desaparece ante mis propios ojos... es el momento que el inconsciente había reservado para "re-vivir", a 172 pulsaciones por minuto, la historia que me ha llevado a estar en ese lugar en ese preciso instante."
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